Nuestras ideas deben conducir a la acción

Cómo cerrar conversaciones habituales del trabajo

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Actualizado 14 | 03 | 2019 07:00

Comunicación laboral

Hablamos aproximadamente 16.000 palabras por día. Idealmente, queremos que nuestras palabras e ideas marquen la diferencia, especialmente en el lugar de trabajo. Y para que eso suceda, nuestras ideas deben conducir a la acción. Necesitamos terminar nuestras conversaciones con un llamada a la acción.

Demasiado a menudo dudamos o esperamos que nuestros oyentes sigan los próximos pasos.

Cada conversación (escrita o hablada) debes finalizarla explicando las acciones que deseas realizar. La llamada a la acción le da alas a tu mensaje, al transformar una idea en pasos accionables. Al hacerlo, hace que tu guion sea un acto de liderazgo motivacional.

Su “cierre” debería abrir las puertas y llevarte al próximo paso. Cualquiera que sea tu conversación de negocios, tu llamada a la acción es un elemento clave en tu comunicación. Hace que tu comunicación sea positiva y segura: así, tus oyentes y lectores se sentirán más seguros contigo.

Ya sea que estés en una conversación en red, una charla en el pasillo, una llamada de ventas o un chat por correo electrónico, sus “cierres” deberían abrir puertas. Si deseas que la gente actúe y haga lo que deseas, esto es lo que debes decir.

Conversación de pasillo

Un elemento básico de las comunicaciones en el trabajo son las charlas improvisadas en los lugares o espacios comunes. Algunos de estos encuentros no van a ninguna parte.

Pero supongamos que tu jefe acaba de estar en tu presentación. Mientras los dos os cruzáis en el pasillo, le puedes decir: “Te agradezco que hayas estado en mi presentación y estoy muy entusiasmado/a con el proyecto”. Ese es tu mensaje.

Pero no te detengas ahí. Ahora que llamaste la atención de tu jefe o compañero/a de trabajo, continúa con una llamada a la acción. Por ejemplo, diciendo: “Me gustaría exponer cómo podemos traer más recursos a este programa. Tengo algunas ideas … y me encantaría compartirlos contigo”. Lo más seguro es que el jefe responda: “Claro, organiza la reunión”. Ahora ya estás en algo más grande.

Conversación comercial

Hablar con clientes potenciales puede ser desalentador. El mensaje siempre debe ser optimista y motivador, hay que investigar a base de preguntas, hacer que el cliente hable de sí mismo, etc.

Pero la información que se obtiene no se traduce en negocio a menos que implique una llamada a la acción.

Este es un tipo de cierre que supone que el cliente estará de acuerdo. Pero si aún no estuviéramos seguros del todo, diríamos: “Ha sido una gran conversación. ¿Cuál es nuestro siguiente paso?” Así, estaríamos sugiriendo que se actúe o haga algo al respecto.

Conversación por correo electrónico

Los correos electrónicos también son conversaciones que deben manejarse con un mensaje claro y llamada a la acción.

Supongamos que has escrito un correo electrónico en el que describes un proyecto: su alcance, cronogramas, costes y resultados proyectados. Tu mensaje es que este proyecto será de gran ayuda para el destinatario. Pero (desafortunadamente) concluyes “Si tienes alguna pregunta, no dudes en ponerte en contacto conmigo”. ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído eso? ¿Por qué introducir un mensaje negativo en tu llamada a la acción? ¿Por qué suponer que tu lector/a tendrá preguntas?

En cambio, haz que tu llamada a la acción sea positiva y concreta. Por ejemplo, diciendo: “Me gustaría que prosigas con tu aprobación”. O bien, “Seguiré adelante con el proyecto y te mantendré al tanto de los desarrollos”. Recuerda: no obtendrás la aprobación a menos que la solicites clara y contundentemente.

Por lo tanto, crea una fuerte llamada a la acción en cada correo electrónico que envíes. Para lo que quieras: una reunión, aprobación, financiación, un compromiso de algún tipo, etc.

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