Juega un papel importante en tu productividad

5 formas sorprendentes en las que tu lugar de trabajo influye en tu cerebro

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Actualizado 09 | 11 | 2018 07:00

Espacios de trabajo

Desde la falta de luz natural hasta el comportamiento de los compañeros de trabajo, tu oficina puede cambiar tu forma de pensar de manera inesperada.

Probablemente sepas que la configuración de tu lugar de trabajo juega un papel importante en tu productividad. Las oficinas poco iluminadas, por ejemplo, pueden tener un impacto negativo en tu memoria.

Pero tu lugar de trabajo influye en tu cerebro en más formas de las que crees. Y como probablemente pasas muchas horas allí, es posible que no te des cuenta de todos los efectos que está teniendo en tu mente.

Aquí hay cinco formas inesperadas en que tu lugar de trabajo puede cambiar tu comportamiento.

Atrapas los estados de ánimo negativos de tus colegas

El “contagio” conductual es un fenómeno que todos experimentamos. Nuestros cerebros están preparados para buscar una “tribu” y para encajar, a menudo imitando o ajustando nuestro pensamiento para alinearnos con otras personas.

Los estudios demuestran que todo, desde el divorcio hasta la obesidad, puede ser “contagioso”. Esto es un hábito con raíces profundas y evolutivas. En el pasado, si nos separamos de nuestra tribu, podríamos enfrentarnos a consecuencias potencialmente mortales. Como resultado, desarrollamos un fuerte impulso para evitar ese resultado, y ese mecanismo de defensa se ha quedado con nosotros. Desde el punto de vista de la neurociencia, nuestro sentido de pertenencia es probablemente el elemento más crucial de nuestro ser.

Por supuesto, cuando el comportamiento de tu colega te inspira a hacer tu mejor trabajo y ser una mejor persona, reflejar sus acciones puede ser beneficioso. Sin embargo, cuando parece que tus colegas te están encerrando constantemente en conversaciones negativas, pueden agotar tu energía.

Si tu oficina está llena de quejas crónicas, crea una “tribu” dentro y fuera del trabajo que sea optimista, motivada y comprometida. Haz tu mejor esfuerzo para limitar tus interacciones con aquellos que te hacen sentir peor y derrotado/a.

Cuando pierdes o no tienes tu espacio

Tener cierto grado de autonomía sobre tu espacio de trabajo puede aumentar la productividad y el estado de ánimo. Los psicólogos que realizaron ensayos aleatorios de espacios de oficina encontraron que aquellos a los que se les dio la libertad de decorar sus espacios de trabajo fueron los más productivos. Los menos productivos fueron los voluntarios a los que inicialmente se les permitió personalizar sus espacios de trabajo, y luego se les quitó el privilegio. Este último grupo fue menos productivo que otro grupo que se vio obligado a trabajar en una oficina impersonal desde el primer día.

El acto de eliminar el privilegio habría activado el engranaje de aversión a la pérdida, lo que lleva a una mentalidad de “falta”. Esta mentalidad nos hace muy conscientes de lo que no tenemos, y puede agotar nuestra motivación y optimismo.

Si de repente pierdes tu espacio, guarda un par de cosas personales en tu casillero o bolsa que te ayudarán a hacer que tu puesto sea más tuyo, como una foto enmarcada o una taza especial. Además, sugiere decorar la oficina con carteles y plantas para que sea menos impersonal.

Tu lugar de trabajo tiene luz artificial

Las investigaciones muestran que las personas que trabajan con luz natural son menos susceptibles al estrés y al agotamiento de la tarde, y reportan niveles más altos de bienestar.

La luz del día juega un papel importante en la regulación del ritmo circadiano del cuerpo, el reloj interno que nos dice cuándo es de día. La luz juega un papel importante en esto porque desencadena la liberación de hormonas y neurotransmisores que nos hacen sentir alertas y energizados. El cortisol nos despierta por la mañana y la serotonina regula nuestro estado de ánimo a lo largo del día. Esto, a su vez, mejora la capacidad del cerebro para concentrarse y pensar, ya que existe una gran cantidad de flujo de sangre oxigenada a las zonas de pensamiento superior del cerebro.

Si tu única fuente de luz proviene de las lámparas fluorescentes, asegúrate de caminar fuera siempre que puedas para obtener una luz diurna más prolongada. También puedes invertir en una lámpara de luz natural para tener en tu escritorio. Estas imitan la luz natural y, como resultado, limitarán la producción de la hormona del sueño, la melatonina. Si eres particularmente susceptible a los efectos negativos de la falta de luz solar, puede valer la pena que te revisen tus niveles de vitamina D y te tomes un complemento vitamínico.

No eres libre de tomar descansos cuendo quieras

En las oficinas donde se espera que permanezcas en tu puesto durante largos períodos de tiempo, tu cerebro pagará el precio. Los cerebros humanos no pueden enfocar a un nivel profundo durante largos períodos de tiempo. La fatiga por concentración es un fenómeno real, y esto ocurre cuando la corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable del pensamiento lógico y analítico, se agota. El cerebro necesita tiempo de inactividad o un cambio de enfoque para recargarse.

La cuestión es que la rutina ideal de “descanso” varía de persona a persona, y este es el punto. Algunas personas necesitan caminar, otras necesitan tomar un poco de aire o un café. Desafortunadamente, en muchos sitios esto está mal visto. Esperemos que esta tendencia cambie a medida que veamos más investigaciones científicas que demuestren cómo los descansos mejoran la productividad.

Si los tiempos de descanso son limitados en tu lugar de trabajo, toma micro pausas en los momentos en que no puedas dejar tu puesto físicamente. Cada hora, levántese, estírate o dedica un minuto a concentrarte en la respiración. Esto te ayudará a reponer algo de tu energía y concentración.

No bebes suficiente agua

Sorprende la cantidad de personas exitosas que pasan gran parte de su jornada laboral, sin saberlo, deshidratadas. El cerebro para funcionar bien depende de un suministro de agua y, sin embargo, muchas personas se olvidan de beber lo suficiente, lo que dificulta significativamente la función cerebral. La investigación muestra que del 1% al 3% de la deshidratación afecta a la memoria y a la concentración, además de causar dolores de cabeza e incluso contribuye a un bajo estado de ánimo.

Para asegurarte de que bebes suficientes líquidos, ten una botella de agua rellenable y procura beber de 1,5 a 2 litros durante un día de trabajo medio de 8 horas. Otras bebidas como tés o infusiones también cuentan. No esperes hasta tener sed para beber. Tu cerebro ya estará pagando el precio para entonces. Después de todo, no conducirías tu automóvil al trabajo sin llenar los depósitos de combustible y de agua, por lo que te conviene adoptar el mismo enfoque con tu cerebro.

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