Debes identificar qué clase de procrastinación sufres

Procrastinar: La pereza del siglo XXI

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Actualizado 16 | 04 | 2019 07:00

Procrastinar

Según la RAE, procrastinar es diferir, aplazar, es decir, dejarlo todo para el último momento.

Todos hemos pasado por esto en alguna vez (o todos los días). Te decides por fin a sentarte y ponerte a trabajar o estudiar…y te acuerdas de que tienes que ordenar el armario, poner la lavadora o checkear Instagram por si tienes algún nuevo seguidor (del ámbito profesional, por supuesto).

Es posible que hayas intentado con todas tus fuerzas luchar contra esa pereza sin obtener resultado alguno. No te fustigues. Numerosos estudios han demostrado que la procrastinación no es algo que nosotros escojamos, sino que está estrechamente relacionado con nuestro cerebro. Según una investigación publicada en la revista Psychological Sciencehay, la amígdala, una estructura en forma de almendra en el lóbulo temporal del cerebro, encargada de procesar nuestras emociones y nuestra motivación, es más grande en aquellos que acostumbran a dejar para mañana lo que podrían hacer hoy. Las conexiones entre la amígdala y el córtex del cíngulo anterior (CCA), que permiten bloquear emociones y distracciones y permitir que te mantengas centrado, también son más pobres y deficientes en los “procrastinadores”.

“Las personas con una amígdala más grande pueden sentir más ansiedad por las implicaciones negativas ligadas a realizar una determinada tarea. Suelen dudar y posponer labores con más frecuencia”, asegura Erhan Genç, uno de los autores del estudio, y académico de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania).

Aunque como acabamos de ver la procrastinación esté ligada a tu composición cerebral, siempre puedes poner en marcha ciertas estrategias para minimizar sus efectos negativos lo máximo posible. Para ello, primero deberás identificar qué clase de procrastinación sufres:

  • Expectativa. Bajo nivel de confianza en uno mismo.
  • Valor. Dependencia de la recompensa y propensión al aburrimiento.
  • Impulsividad. No poder esperar.

Cómo dejar de procrastinar

Padezcas la que padezcas, lo cierto es que la procrastinación acaba produciendo, en la mayoría de las personas, estrés, frustración, insomnio y miedo al fracaso. Aquí te proponemos una serie de consejos para combatirla.

  • La regla de los dos minutos. Es simple, si puedes hacer una tarea en dos minutos (o en tres, cinco o en un tiempo determinado que tú te marques), hazla. Quítatela de encima.
  • Evita las distracciones. Y hoy en día no hay nada que distraiga más que las redes sociales. Utiliza apps para silenciar las notificaciones o incluso bloquear tus redes.
  • Evita el multitasking. Hacer muchas cosas a la vez, al contrario de lo que puedas pensar, no te hace más productivo, te hace cometer más errores. Haz las cosas de una en una.
  • Si eres freelance, considera la posibilidad de unirte a un coworking. El ambiente de trabajo favorecerá tu concentración.
  • Fija plazos inaplazables. Los procrastinadores se caracterizan por el placer de la recompensa inmediata, por eso siempre encuentran algo mejor que hacer antes que ponerse con las obligaciones que requieren más tiempo. Convéncete de que tienes una fecha límite que no te puedes saltar y deja de lado el autoconvencimiento de “trabajo mejor bajo presión”. Si no tienes una fecha definida, todo se diluye y se vuelve más abstracto, corriendo el riesgo de que “el más tarde” se perpetúe indefinidamente.
  • Gestiona tu tiempo. Terminado es mejor que perfecto. No ocupes toda una tarde en una tarea que sabes que podrías hacer en dos horas si solo dispusieses de ese tiempo.

Procrastinación ¿positiva?

Como decimos, procrastinar puede darte muchos quebraderos de cabeza pero, aún así, debes conocerte y escuchar a tu cuerpo. No tiene por qué ser tan negativo si sabes cómo gestionarlo. La procrastinación puede ser un indicador de que necesitamos parar, de que estamos cargándonos de tareas que exceden nuestras capacidades para afrontarlas o de que estamos bajo un nivel de estrés y de productividad excesivos. Además, otros estudios han demostrado que la procrastinación bien llevada puede ser positiva para actividades más creativas. Según Jihae Shin, investigadora de recursos humanos de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), procrastinar no tiene por qué ser una respuesta negativa de nuestro subconsciente, sino que se trata más bien de una petición de nuestro ánimo para encontrar la forma de ser más productivos y creativos. Shin realizó un experimento con una serie de voluntarios, a los que pidió que entregaran una serie de ideas para un proyecto ficticio. A un grupo se les pidió que se pusieran a trabajar inmediatamente, y a otro grupo se le concedió un plazo más amplio, dándoles algo de tiempo libre. Al final, el grupo que “postergó” sus tareas, ofreció varias y más originales soluciones al problema que se les había planteado.

En resumen, la clave del éxito, en cuanto a productividad, no está en la inmediatez ni en la perfección, pero tampoco en dejarlo todo para el último momento por considerar que tu estantería necesita una limpieza a fondo. Cada persona es un un mundo completamente diferente. Encuentra el equilibrio perfecto, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, pero no olvides que, pese a todo, sigue habiendo un mañana.

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Por Eva Montero


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