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Libertad financiera: como la dieta, difícil de llevar a cabo

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Actualizado 08 | 01 | 2018 07:00

La libertad en el mundo laboral y empresarial, conocida como libertad financiera, se puede definir “como la capacidad de cubrir todas las necesidades económicas sin tener que realizar ningún tipo de actividad”, pudiendo incluir algún ingreso pasivo que no requiere de actividad para recibirlo.

Es decir, no estamos hablando tanto de tener un nivel elevado de ingresos o de ahorros como de “ser ricos” en tiempo libre, algo que se está convirtiendo en tendencia, con la subida creciente del teletrabajo (especialmente entre la gente joven) y con la proliferación de negocios que se pueden gestionar a través de internet.

Entre sus ventajas destacan trabajar a gusto, no tener deudas, disponer de más tiempo para la familia, amigos o aficiones, evitar el estrés y, en general, disfrutar más de la vida, con más tranquilidad y felicidad.

Esta es, digamos, la cara buena de este fenómeno, pero la cuestión fundamental es quién puede hacerlo. En principio cualquiera, como cuando se quiere no tener sobrepeso, el caso es ponerse y tener voluntad de conseguirlo.

Según el Servicio de Estudios del Banco de España (Documento de Trabajo n.º 9213), “el grado de sustitución entre el ahorro de las familias y el ahorro empresarial muestra que esa sustitución es imperfecta, ya que los aumentos del ahorro empresarial son sólo parcialmente compensados por una disminución en el ahorro de las familias… Dado que la propensión al ahorro de las empresas es generalmente alta, la traslación en la carga impositiva de las empresas hacia los individuos es una de las más claras medidas capaces de incentivar el ahorro privado”. Pero hay una serie de factores que dificultan la valoración sobre la idoneidad de un determinado nivel de ahorro: según el informe del Banco de España, “factores culturales (como el papel de la herencia o los patrones de trabajo familiares), la calidad de las instituciones públicas y la mejora de los sistemas de seguros (públicos y privados) figuran entre los que se han mencionado a menudo como elementos que afectan a las decisiones de ahorro, aunque su influencia es difícil de cuantificar”; es decir, que nuestra receta de libertad financiera todavía cuenta con demasiada carga, entre gasto y deuda, sobre todo en el ámbito privado, más que en el empresarial.

La situación general es que el nivel de ingresos o recursos económicos no se correlaciona con el de gasto o pertenencias, es decir, que gastamos o consumimos más de lo que tenemos o generamos, lo que da lugar al endeudamiento, entre otras cosas y como factor principal de no poder disfrutar de esa libertad financiera. En este caso, los kilos de más se traducen en deuda de más, bien sea en la compra a plazos, hipotecas, préstamos, etc.

Por tanto, la receta radica en ajustarse a las posibilidades económicas, controlando los gastos y mejorando desde esa base, para lo que resulta fundamental la capacidad de ahorro, por pequeña que sea. Un concepto, el del ahorro, bastante olvidado y pasado de moda en los últimos tiempos, pero que puede ser un gran aliado a la hora de pretender ser libres económicamente.

Como en el caso de recuperar la línea y la salud, donde el peligro está en ese bocado o bebida que está de más y se debe controlar, en el caso de la libertad financiera la clave está entre ese gasto o consumo que también debe controlarse o, mejor dicho, ahorrarse.