Las identidades no humanas y agentes de IA crean nuevos riesgos de seguridad. Cómo proteger bots, APIs y aplicaciones en entornos digitales.

Nueva categoría en ciberseguridad: identidades no humanas y agentes de IA

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Actualizado 05 | 03 | 2026 11:56

Ciberseguridad IA

La ciberseguridad empresarial se centra principalmente en proteger a los usuarios humanos: empleados, administradores o clientes que acceden a sistemas digitales mediante credenciales. Sin embargo, la transformación digital está introduciendo un nuevo actor en los entornos tecnológicos de las empresas: las identidades no humanas. Se trata de cuentas de servicio, aplicaciones, bots, APIs, microservicios o agentes automatizados que interactúan entre sí dentro de las infraestructuras digitales.

El crecimiento del cloud, la automatización y la inteligencia artificial ha multiplicado exponencialmente este tipo de identidades. En muchas organizaciones modernas, las máquinas ya superan en número a los usuarios humanos dentro de los sistemas. Cada integración entre aplicaciones, cada proceso automatizado o cada modelo de inteligencia artificial que accede a datos crea una nueva identidad digital que debe ser gestionada y protegida.

Este cambio está dando lugar a una nueva categoría dentro de la ciberseguridad: la gestión y protección de identidades no humanas y agentes de inteligencia artificial. Según diversos informes de seguridad publicados por Gartner y empresas especializadas en identidad digital, el número de identidades no humanas en infraestructuras cloud puede ser entre 10 y 50 veces superior al número de usuarios humanos. Para las pymes, este fenómeno supone un nuevo desafío de seguridad que muchas organizaciones todavía no han incorporado plenamente en sus estrategias de protección digital.

Qué son las identidades no humanas y por qué representan un nuevo riesgo

Las identidades no humanas se refieren a cualquier entidad digital que interactúa con sistemas informáticos sin intervención directa de una persona. Esto incluye desde scripts automatizados y aplicaciones empresariales hasta robots de software, integraciones API o agentes de inteligencia artificial que procesan información de forma autónoma.

A medida que las empresas adoptan más soluciones cloud y automatizan procesos, estas identidades se multiplican rápidamente. Cada una de ellas necesita permisos para acceder a sistemas, bases de datos o servicios, lo que las convierte en un nuevo punto potencial de exposición para los ciberataques.

Antes de diseñar estrategias de protección, conviene entender los principales factores que explican el crecimiento de este tipo de identidades.

  • Expansión de arquitecturas cloud y microservicios: Las aplicaciones modernas se construyen cada vez más mediante arquitecturas distribuidas que se comunican entre sí a través de APIs. Cada uno de estos servicios necesita credenciales para interactuar con otros sistemas, lo que multiplica el número de identidades dentro de la infraestructura tecnológica.
  • Automatización de procesos empresariales: Muchas empresas utilizan scripts, bots o herramientas de automatización para ejecutar tareas repetitivas. Estos sistemas requieren credenciales para acceder a aplicaciones o bases de datos, lo que genera nuevas identidades que deben gestionarse correctamente.
  • Crecimiento de la inteligencia artificial operativa: Los agentes de inteligencia artificial cada vez participan más en procesos empresariales como análisis de datos, atención al cliente o automatización de decisiones. Estos sistemas también necesitan acceder a información corporativa, creando nuevas superficies de ataque si no se gestionan adecuadamente.

Comprender este ecosistema es el primer paso para protegerlo de forma eficaz.

Los riesgos de seguridad asociados a identidades no humanas

Las identidades no humanas presentan características que las convierten en un objetivo atractivo para los ciberdelincuentes. A diferencia de los usuarios humanos, muchas de estas cuentas funcionan en segundo plano, sin supervisión directa, y suelen tener permisos amplios para ejecutar procesos automáticos.

Este escenario genera varios riesgos que las empresas deben considerar.

Antes de implementar medidas de protección, conviene entender cuáles son los principales vectores de riesgo asociados a este tipo de identidades.

  • Credenciales expuestas en código o repositorios: En muchos entornos de desarrollo, las credenciales utilizadas por aplicaciones o scripts se almacenan directamente en el código. Si ese código se comparte en repositorios públicos o se filtra, los atacantes pueden obtener acceso directo a sistemas empresariales. Según GitGuardian, miles de credenciales se filtran cada año en repositorios de desarrollo.
  • Permisos excesivos en cuentas de servicio: Muchas identidades no humanas reciben permisos amplios para evitar problemas operativos. Sin embargo, esto aumenta el riesgo de que un atacante que comprometa una de estas cuentas pueda acceder a múltiples sistemas dentro de la organización.
  • Dificultad para detectar actividad maliciosa: A diferencia de los usuarios humanos, los bots y aplicaciones suelen ejecutar tareas automáticas de forma constante. Esto puede dificultar la detección de comportamientos anómalos, ya que el tráfico generado por estas identidades forma parte del funcionamiento normal del sistema.
  • Falta de control sobre el ciclo de vida de las credenciales: En muchos casos, las credenciales utilizadas por aplicaciones o integraciones no se actualizan con la misma frecuencia que las contraseñas de los usuarios humanos. Esto aumenta el riesgo de que una credencial comprometida permanezca activa durante largos periodos.

Estos factores convierten la gestión de identidades no humanas en una prioridad creciente dentro de la estrategia de ciberseguridad.

Cómo proteger identidades no humanas y agentes de IA

A medida que las organizaciones integran más automatización y sistemas inteligentes, la protección de identidades no humanas debe formar parte de la estrategia global de seguridad digital.

Para reducir los riesgos asociados a estas identidades, las empresas pueden aplicar varias prácticas recomendadas.

Antes de adoptar soluciones tecnológicas complejas, conviene considerar algunos principios básicos de gestión de identidades.

  • Aplicar el principio de privilegio mínimo: Cada identidad digital debe tener únicamente los permisos necesarios para realizar su función específica. Reducir los privilegios limita el impacto potencial de una cuenta comprometida.
  • Gestionar credenciales de forma centralizada: Las credenciales utilizadas por aplicaciones, APIs o agentes de IA deben almacenarse en sistemas seguros de gestión de secretos en lugar de integrarse directamente en el código.
  • Supervisar el comportamiento de identidades automatizadas: Implementar herramientas de monitorización que analicen el comportamiento de las identidades no humanas permite detectar anomalías que podrían indicar una actividad maliciosa.
  • Rotar credenciales de forma periódica: Al igual que ocurre con las contraseñas de usuarios humanos, las credenciales utilizadas por aplicaciones y bots deben actualizarse regularmente para reducir el riesgo de acceso no autorizado.

Adoptar estas prácticas ayuda a reducir significativamente la superficie de ataque asociada a identidades automatizadas.

Herramientas para gestionar identidades no humanas

La creciente complejidad de los entornos tecnológicos ha impulsado el desarrollo de herramientas específicas para gestionar identidades no humanas y credenciales de aplicaciones.

Algunas soluciones utilizadas por organizaciones incluyen:

  • HashiCorp Vault: Plataforma de gestión de secretos que permite almacenar credenciales de forma segura y controlar el acceso a sistemas y aplicaciones.
  • CyberArk Conjur: Solución especializada en la gestión de identidades de aplicaciones y automatización de credenciales en entornos cloud.
  • AWS Secrets Manager: Herramienta diseñada para gestionar credenciales y claves de acceso en infraestructuras cloud de forma segura.
  • Delinea Secret Server: Plataforma de gestión de privilegios y credenciales que ayuda a controlar el acceso de identidades humanas y no humanas.

Estas herramientas permiten mejorar la seguridad del entorno digital y reducir los riesgos asociados a la automatización.

A medida que las organizaciones adoptan inteligencia artificial, automatización y arquitecturas cloud, la seguridad ya no puede centrarse exclusivamente en proteger a los usuarios humanos. Los sistemas automatizados y agentes de IA están creando un nuevo ecosistema de identidades digitales que requieren estrategias de protección específicas.

Según Kaspersky, la gestión de identidades no humanas se está consolidando como una de las áreas emergentes más importantes dentro de la seguridad empresarial.

Las identidades no humanas y los agentes de inteligencia artificial están redefiniendo el panorama de la ciberseguridad. A medida que las empresas automatizan procesos y adoptan tecnologías avanzadas, el número de identidades digitales dentro de los sistemas seguirá creciendo.

Para las pymes, anticiparse a este cambio es fundamental. Incorporar la gestión de identidades no humanas dentro de la estrategia de seguridad permite reducir riesgos, mejorar el control sobre los accesos y preparar la infraestructura tecnológica para un entorno digital cada vez más automatizado.

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