El crecimiento genera nuevos retos y nuevas oportunidades

La franquicia como estrategia de crecimiento

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Actualizado 26 | 01 | 2017 11:34

Franquicias

La decisión de un empresario de franquiciar su negocio tiene muchas motivaciones, todas ellas legítimas y que, cuando hablamos de auténticas empresas viables, rentables y sostenibles, forman parte de las razones objetivas que hacen de ese negocio concreto, un buen negocio, y de la opción de adquirir una licencia de explotación en franquicia, una buena opción.

La escasez de recursos, un principio económico que nos afecta a todos, está no ya en el origen de esta decisión, en realidad, está en los orígenes del modelo de franquicia en sí mismo considerado.

Y no sólo lo está la escasez de recursos financieros, todo un cásico que busca solución en la fragmentación de la inversión necesaria para alcanzar los objetivos de expansión, limitando la participación a importes proporcionales para la puesta en marcha de unidades de negocio operativas, desde acuerdos de máster franquicia para la explotación de regiones o territorios, hasta la apertura de establecimientos de comercio al por menor, abiertos al público con un determinado régimen de exclusividad.

Un modelo que, en cierta medida, puede ser visto como el precursor del actual ecosistema de crowdfunding, con las salvedades y diferencias que indudablemente hay entre uno y otro.

También actúa como motor de esta decisión la escasez de recursos humanos, la dificultad en el acceso a los colaboradores adecuados, al talento capaz de aportar no sólo el trabajo de la operación diaria en sí misma considerada, sino el conocimiento, la iniciativa y el empuje, es decir, la actitud que, unida al liderazgo del franquiciador y al desempeño de su propio equipo, garanticen la continuidad y el crecimiento del negocio mediante una aportación sostenida de valor.

El crecimiento genera nuevos retos y nuevas oportunidades, todo lo cual debe utilizarse por las empresas para mejorar su perfil en la carrera para llegar a los mejores.

Si hoy todos debemos crear cada día nuestro puesto de trabajo, el crecimiento en franquicia ofrece acomodo natural dentro de nuestra empresa a aquellos que buscan en la creación de riqueza su medio de vida.

Por su parte, la aludida optimización de la inversión económica lo debe ser tanto en términos absolutos, al representar la parte estrictamente necesaria para la puesta en marcha de la unidad de negocio del nuevo franquiciado, como en términos de riesgo, puesto que se trata de una inversión en diferentes conceptos y elementos previamente testados y validados por la experiencia del franquiciador y, en su caso, de los franquiciados ya existentes.

Lo anterior debe ser así, y debe serlo aún al considerar que la inversión requerida al franquiciado incluye, necesariamente, el importe correspondiente al Canon de Entrada, o canon de franquicia, que el franquiciado abona al franquiciador como contraprestación por la utilización de su marca, esto es, por acceder a un posicionamiento diferenciado en base a su reputación, y a un negocio viable en base al conocimiento único y relevante que encierra su saber hacer.

De la misma manera que el “simple” hecho de disponer de los recursos financieros necesarios, por exótico que pueda ser considerado esto hoy, no debe convertir automáticamente en bueno a un candidato a franquiciado, ni siquiera en adecuado, la ausencia de canon de entrada, o su muy limitada cuantía, no debe representar, por mucho que se anuncie como el valor diferencial de la propuesta en cuestión, el indicador básico acerca de la idoneidad de una determinada oportunidad de inversión.

La Franquicia no es una excepción, por consiguiente, en la necesidad de valorar las inversiones en términos de valor aportado y de retorno, su ROI, y no, como en ocasiones podemos estar tentados de hacer, limitarnos a su valoración en términos absolutos, considerando su viabilidad exclusivamente en función de nuestra disponibilidad de recursos.

No puede existir acuerdo de franquicia sin un franquiciador que aporte un modelo de negocio exclusivo y relevante, y no puede hablarse de franquicia sin la existencia de una contraprestación por la adquisición del derecho de uso de aquel, por más que ésta deba ser justa y equilibrada con el valor que encierra.

La decisión de iniciar una actividad empresarial mediante la adquisición de una licencia de uso de una determinada marca, y su explotación, es una decisión compleja, con implicaciones que alcanzan al patrimonio y que se extienden a los ámbitos familiar, personal y profesional.

Una decisión compleja para franquiciado y para franquiciador, que exige lo mejor de cada uno de ellos desde el primer contacto, ya desde los meramente informativos, cuando comienza a construirse una relación de sociedad que encuentra acomodo en un sistema de eficiencia probada, que cuenta con una regulación específica que, de acuerdo con el carácter de nuestro sistema legal, busca dotar al modelo de un adecuado nivel de seguridad jurídica, en el sentido de velar por el respeto de la legislación vigente y por el cumplimiento de lo previsto en el artículo 3 del Real Decreto 201/2010, de 26 de febrero, por el que se regula el ejercicio de la actividad comercial en régimen de franquicia, y la comunicación de datos al registro de franquiciadores.

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