El Reino Unido se enfrenta a importantes retos en 2026 que marcarán el dinamismo de su economía. Hay que recordar que su crecimiento se ralentizó a lo largo de 2025, situándose en el 1,4%. Según un reciente informe de Crédito y Caución, se prevé que esa tendencia a la baja continúe este año, reduciéndose al 0,9%.
Aunque el mercado británico también se está beneficiando del auge mundial de la inversión relacionada con la inteligencia artificial, la producción de bienes de consumo sigue contrayéndose y el empleo está disminuyendo.
Por lo que se refiere a la IA, el Reino Unido es el tercer mercado más grande del mundo, por detrás de Estados Unidos y China, según datos del Gobierno, que está reforzando las actuaciones dirigidas a impulsar las inversiones extranjeras en este sector. Gracias a ello, las grandes empresas y los bienes de inversión registraron aumentos de productividad en 2025.
Sin embargo, el entorno empresarial muestra signos de debilidad. La producción de bienes de consumo sigue contrayéndose y el mercado laboral está condicionado por factores perturbadores como el ligero aumento del desempleo y el estancamiento de los salarios debido al aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social.
Esto está afectando negativamente a la rentabilidad de las empresas, que registraron en el primer semestre de 2025 el nivel más bajo de los últimos 18 años, debido al incremento de las cotizaciones, de los salarios y de los costes energéticos. Con el enfriamiento del mercado laboral, las perspectivas para el consumo privado también se están debilitando.
A este hecho se añade un repunte de la inflación general, que se situó en una media del 3,8% en el tercer trimestre de 2025, ya que las empresas repercutieron el aumento de los costes de las cotizaciones y del salario mínimo en el precio de los bienes y servicios.
Otro impacto temporal proviene del aumento del límite máximo del precio de la energía que se registró en abril. Sin embargo, dada la perspectiva de debilitamiento de la demanda, se prevé que la inflación vuelva a descender hasta alcanzar su objetivo del 2%, a finales de 2027. Esto permitirá al Banco de Inglaterra reanudar con cautela la flexibilización de su política monetaria y un ritmo gradual de recortes de los tipos de interés, lo que debería contribuir a respaldar una cierta recuperación del crecimiento económico hasta el 1,3% en 2027.






