Sin
embargo, estos datos no ocultan algunos aspectos que resultan preocupantes,
especialmente los relativos a la situación de las microempresas y los
empresarios sin asalariados. La afiliación media en los autónomos aumentó un
1,26% interanual, lejos del 2,81% del régimen general (excluido sistema
especial agrario y hogar). Este peor comportamiento relativo es un aspecto muy
preocupante en términos de actividad empresarial, dado que los
empresarios individuales son el primer escalón del emprendimiento. Según los
datos de la EPA del primer trimestre, el número de empresarios sin asalariados
o trabajadores independientes cayó un 3,9% interanual, hasta situarse en 2,16
millones.
En este
sentido, CEPYME recuerda que las microempresas y los empresarios individuales
son quienes más están acusando los efectos del incremento de costes y de la
subida de la inflación, viendo mermada su capacidad de creación de empleo y de
continuidad de la actividad. A ello se suma otro factor de preocupación,
derivado de la falta de relevo generacional en un contexto en el que el 50,9%
de los empleadores tiene 50 o más años y un 19,5% supera los 60 años; cifras
que alertan del grave riesgo de destrucción de una parte importante del tejido
productivo español, si no se genera un entorno más favorable a la actividad
productiva, que haga atractivo el mantenimiento de estas empresas.
CEPYME
insiste en la necesidad de legislar pensando en las pequeñas y medianas
empresas, reduciendo la carga burocrática y el exceso normativo, que introduce
mayor rigidez en la gestión empresarial y evitando nuevos incrementos de costes
para el tejido empresarial más vulnerable, que además debe afrontar un entorno
de gran inestabilidad geopolítica que está repercutiendo ya en subidas de los
costes energéticos y de producción.






