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Autónomo, ¿de qué clase eres?

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Actualizado 30 | 09 | 2016 10:43

Autónomo, ¿de qué clase eres?

A la hora de darse de alta en Hacienda como autónomo debemos comunicar el tipo de actividad que vamos a desarrollar. En este aspecto se distinguen una serie de actividades consideradas como empresariales y otras como profesionales ¿en qué se diferencian?

Actividades profesionales

Desde un punto de vista elemental se entiende que una actividad es profesional cuando para realizarla se ha de estar facultado para ella, a través de una titulación, y en algunos casos pertenecer a un colegio profesional que habilite el desempeño de dicha actividad.

Es fácil identificar en este tipo de actividades, como pueden ser las realizadas por médicos, ingenieros, abogados y procuradores, arquitectos y aparejadores, graduados sociales, etc. Además también se pueden incluir el trabajo de diseñadores, agentes comerciales, agentes de seguros o corredores de comercio, entre otros.

Los autónomos que desarrollan este tipo de actividades deben emitir sus facturas con la retención correspondiente cuando sus clientes sean otros empresarios. A cambio, si el 70% del total de sus ingresos está sujeto a retención, no tendrán que presentar la liquidación trimestral del pago fraccionado de IRPF.

Actividades empresariales

Se entiende que se desarrolla una actividad empresarial cuando no está incluida en el tipo anterior. Aquí se incluyen todas las relacionadas con el comercio, la hostería, agricultura y ganadería, fabricación, servicios de alimentación, etc. En este casos los ingresos del negocio del autónomo no están sujetos a retención.

Sin embargo, pese a la clasificación básica anterior, la determinación de una actividad como empresarial o profesional no depende sólo del tipo de trabajo realizado, también influye la manera de desarrollarlo. De tal manera que algunas actividades que podríamos considerar como profesionales se transforman en empresariales en determinadas circunstancias.

Se presupone actividad profesional cuando el desarrollo de la misma no supone la creación de una estructura de negocio más allá de la propia actividad. El principal medio de producción del profesional son sus conocimientos. Si para llevar a cabo su trabajo se establece un diseño empresarial (empleados, medios de producción, infraestructura, …) la actividad deja de ser profesional y se transforma en empresarial, independientemente de la figura jurídica empleada para ello (autónomo o sociedad).

Un ejemplo para ilustrar esta situación la podríamos tener en el caso de un arquitecto autónomo, que trabaja individualmente por cuenta propia (actividad profesional) o bien lo hace creando un estudio en el que trabajan varias personas con una organización del trabajo, jerarquía o medios de producción estructurados, que supondría una actividad empresarial.