Estas cifras contrastan con las de los jóvenes a nivel general: el 46% está desempleado (22 puntos menos)

El 68% de los jóvenes con discapacidad está en paro y 6 de cada 10 es de larga duración

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Actualizado 19 | 04 | 2016 12:17

Un año más, la Fundación Adecco y JYSK han realizado una encuesta a 600 jóvenes con discapacidad menores de 25 años, con el objetivo de profundizar en su situación profesional, para compararla con la de sus coetáneos y evaluar el grado de normalización de las nuevas generaciones con discapacidad en el mercado laboral.

Según Olafgilbert Zoder, Responsable de Administración y Personal de JYSK España: “los jóvenes con discapacidad representan un inmenso potencial de talento para nuestra economía que no podemos desaprovechar. Sin embargo, aún existe una importante brecha en las cifras de formación y empleo; una brecha que puede reducirse. Para ello, es fundamental crear conciencia, y en este caso lo hemos hecho apoyando este informe de la Fundación Adecco que da voz a los propios jóvenes con discapacidad, y que constituirá un punto de partida para la propuesta de iniciativas y políticas inclusivas”.

Por su parte, Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, comenta que: “los Millenials, es decir, los nacidos desde mediados de los 80, constituyen una generación estratégica para nuestro mercado laboral, cada vez más envejecido, en el que las nuevas cohortes no son suficientes para abastecer la creciente masa de jubilados. En este sentido, es crucial estimular la participación de los jóvenes con discapacidad en el empleo: nuestro país no puede permitirse ser discriminatorio, necesita el talento de los jóvenes con discapacidad para salir adelante. El pasado año, desde la Fundación Adecco generamos 350 empleos para jóvenes con discapacidad y podemos constatar que el ratio de éxito en la incorporación es muy alto, reduciéndose la rotación y el absentismo, en contra de los prejuicios que siguen asentados en la sociedad y en las empresas. Y es que las personas con discapacidad que deciden participar en el mercado laboral, lo hacen porque realmente desean hacerlo, duplicando su compromiso y rendimiento”.

Menor formación, más desempleo

El nivel formativo es un factor determinante a la hora de garantizar el acceso al mercado laboral. Es una conclusión generalizada en todos los países miembros de la UE: a mayor nivel de formación, mayor tasa de ocupación y menor desempleo.

En este sentido, es significativo cómo entre los jóvenes de nuestro país, la carencia formativa se alza como una de las principales causas de desempleo: un 53,2% de los parados menores de 25 años no ha superado la Educación Secundaria Obligatoria.

A través de la presente encuesta, hemos podido esbozar el nivel formativo predominante entre aquellos que tienen discapacidad. Si bien las diferencias entre los que han cursado Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato son mínimas, se aprecian importantes desfases en el porcentaje de jóvenes con estudios primarios y superiores. Así, un 19,3% de los encuestados con discapacidad tiene estudios primarios, más del doble que sus coetáneos (9,4%). Por el contrario, sólo un 8,2% cuenta con estudios universitarios, casi la mitad que el resto de los jóvenes (17,2%).

Con ello, el porcentaje de menores de 25 años con discapacidad en desempleo, que no ha superado la ESO, asciende hasta el 64,3%.

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El empleo de los jóvenes con discapacidad

El menor nivel formativo influye notablemente en las cifras de empleo: un 68% de los jóvenes con discapacidad se encuentra desempleado, porcentaje superior al 46% de la población general, según el informe El empleo de las personas con discapacidad 2015, elaborado por el INE.

Barreras intangibles

El menor nivel formativo no es el único elemento que eleva la tasa de paro de los jóvenes con discapacidad, ya que existen otros condicionantes. Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “siguen existiendo barreras en el plano intangible, principalmente marcadas por los prejuicios y estereotipos que siguen asentados en el seno de las compañías. Estos prejuicios asocian la contratación de jóvenes con discapacidad con política social o altruismo –y a veces, sólo al alcance de las cuentas más saneadas- y no como una ventaja competitiva para la empresa, lo que ocasiona que los profesionales con discapacidad sean descartados en empleos que podrían desempeñar a la perfección”.

A ello hay que añadir algunos elementos como la sobreprotección familiar, que en algunos casos frena el acceso a la formación y al mercado laboral de los jóvenes con discapacidad, o el desconocimiento y falta de recursos de los jóvenes a la hora de afrontar la búsqueda de trabajo: “en ocasiones tienen dudas sobre el tipo de empleo al que optar y pueden llegar a autoimponerse falsos límites, influenciados por las creencias sociales estereotipadas.

Además, son frecuentes las dudas sobre cómo afrontar la discapacidad en una entrevista de trabajo o si incluirla en el currículum. Nosotros les recomendamos no hacerlo, ya que el grado de discapacidad no es un factor que determine las competencias de un candidato, al igual que el sexo o la fecha de nacimiento”. – concluye Mesonero.

Más afectados por el desempleo de larga duración

Como puede resultar obvio, los factores anteriormente citados (menor formación, prejuicios empresariales, sobreprotección familiar o carencia de recursos) traen consigo una mayor dificultad de los jóvenes con discapacidad a la hora de salir del desempleo, corriendo un mayor riesgo de que éste se convierta en estructural (es decir, superior a 12 meses).

En efecto, los datos de la encuesta arrojan que 6 de cada 10 parados jóvenes con discapacidad (60%) es desempleado de larga duración, frente al 41% de sus coetáneos.

El paro estructural afecta más intensamente a las mujeres jóvenes con discapacidad: un 62% lleva más de un año en paro, frente al 51% de los hombres.

Según Mesonero: “esta cifra da cuenta de la importancia de impulsar planes de asesoramiento y orientación para jóvenes con discapacidad y sus familias, de cara a que el desempleo no se cronifique. Es fundamental dotarles de herramientas y confianza suficientes para afrontar su acceso al mercado laboral, y, además, hay que seguir realizando una labor de sensibilización en las empresas, trasladando el mensaje de que la discapacidad no merma la productividad de un trabajador, sino que muy al contrario, puede ayudarle a sacar lo mejor de sí mismo”.

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Concretamente, un 38% de los jóvenes con discapacidad lleva más de 2 años en paro y un 22% más de 12 meses.

La Universidad: el gran reto

La plena integración de las personas con discapacidad sólo puede alcanzarse si ésta se extiende a todos los ámbitos y esferas de la vida social, económica y cultural. Uno de los más importantes es, sin duda, el entorno educativo. Según Mesonero: “la Universidad representa la plenitud de la etapa formativa de cualquier persona y, por tanto, alcanzar la igualdad real pasa por normalizar la presencia de personas con discapacidad en este entorno”.

Sin embargo, a fecha de hoy, los universitarios con discapacidad representan tan sólo el 1,3%, del total del alumnado, encontrándose infrarrepresentados en la Universidad.

Es significativo cómo un porcentaje muy destacado de los que deciden estudiar, se acoge a la modalidad a distancia (40%). De todos ellos, 4 de cada 10 admite que prefiere estudiar desde casa debido a la existencia de barreras arquitectónicas y psicológicas en el entorno educativo.

De los que estudian de forma presencial, un 35% declara haber encontrado barreras en su centro de estudios. Ya sea en falta de adaptaciones físicas o por la ausencia de personal que atienda las necesidades específicas de las personas con discapacidad (por ejemplo, tomar apuntes).

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